La
palabra cultivo designa el trabajo del campesino para que su tierra
produzca, y a menudo se compenetra con la cultura que representa la
especificidad de un pueblo, por ejemplo el cultivo del olivo está profundamente
instalado dentro de la cultura mediterránea. Lo mismo ocurre con el
karité en África del Oeste. Esto es tan cierto que la mayoría
de las referencias que tenemos de África
antes del siglo XIX nos hablan de ello. Del Reino de Méroé hasta León
el Anciano, de Ibn Batouta a Mungo Park, parece que no se podía hablar
de África
sin hacerlo del karité.
El
karité en la selva diariamente
Desde
el niño que está acogido con una vigorosa fricción de manteca
de karité hasta la cama del rey difunto especialmente tallada dentro
del noble tronco del árbol de karité, la vida del pueblo sigue el ritmo
del árbol sagrado al igual que la vida de la mujer se organiza de julio
a diciembre entorno a la recolecta y preparación de los frutos del árbol.
En efecto esta valiosa recolección servirá todo el año tanto
para los cuidados de la familia como para las necesidades en materias
grasas de la alimentación.
Las
cualidades naturales antioxidantes del karité le han permitido
convertirse en un producto agrícola de pleno derecho en el sentido en
que fue posible su almacenamiento. Es el lazo entre la civilización
de la recolección y la de la agricultura , un producto que crece de
manera salvaje, cosechado en la selva y luego transformado para su conservación
a lo largo del año.
Ver
« Botánica y Agricultura» para el árbol en sí, «Fabricación Artesanal»
para la preparación de las almendras, luego « Uso tradicional» para
la utilización en el pueblo. Les toca más especialmente a las
mujeres «La recolección de las nueces» para vender el producto en el
mercado, primer eslabón del «Negocio de las nueces».